Hago una pausa en el orden más o menos cronológico de los relatos, para dar un salto atrás y hablaros de San Vicente de la Sonsierra.
San Vicente, es el pueblo natal de mi abuela paterna, Teresa García Peciña, está en la Rioja Alta, cerca de Haro; el pueblo creció en la edad media a la sombra del castillo, que formaba parte de las guarniciones fronterizas del Reino de Navarra, con el de Castilla, siendo este el castillo más grande de esa frontera; según algunos allí está la “Milla de Oro”, de los vinos de Rioja, pues su microclima y la composición del suelo, favorecen una gran calidad en su vinos; he estado diversas veces allí.

La primera vez, fue en verano del 66, fui con mis padres, en la moto con sidecar de mi padre, hicimos el viaje en tres etapas; la primera, hasta Zaragoza, la hicimos conjuntamente con Valeriano Sanz y su esposa e hijo, en esta etapa, yo, iba con ellos en su coche, un Citröen 7cv; fuimos por la NII, pues todavía no había autopistas, ni siquiera el Túnel del Bruc, y la carretera parecía una comarcal de las de ahora; ya podéis imaginar lo largos que se hacían los viajes en esa época; en Zaragoza hicimos noche en un Hotel.
Al día siguiente seguimos viaje con la moto, yo iba en el sidecar y mi madre de “paquete”; poco antes de Tudela se pincho una rueda, y por suerte paso la Guardia Civil de Tráfico, y la llevaron a reparar a un taller en el siguiente pueblo, pero nos hizo perder varias horas, motivo por el cual tuvimos que hacer noche en Tudela, y terminar el viaje el día siguiente.
De esa primera vez, lo que más me suena es la llegada al pueblo, desde Briones, cruzando el Ebro y viendo el castillo por encima nuestro ocultando el pueblo, y que cuando llegamos a la casa de los tíos de mi padre, Victorino García y Esther Álvarez, fue por la parte de atrás, donde tenían la cuadra, la vivienda estaba encima, y cuando se asomo la tía Esther, para ver quien llamaba, la casa, se me antojo altísima (como si fuera una torre del castillo) ; la casa tenia la entrada por la calle de arriba, al nivel de la vivienda; en aquella época tenía la puerta del tipo de establo, (las divididas horizontalmente) y un gran poyo de piedra junto a la misma; los tíos tenían tres hijas, Marivi, Mari Carmen y Charo, que en esa época todavía vivían con ellos, y que actualmente viven en Barcelona, siendo Mari Carmen la primera en venir, el año 67 , siguiéndola después sus hermanas; también recuerdo que fuimos a ver a mi bisabuelo Eliseo Garcia, que vivía en casa de su otro hijo, David García, casado con Remedios “Reme” Lizaranzu, esta casa estaba un poco más arriba, junto al acceso al castillo; al que, por cierto, el abuelo subía más ligero que nosotros; los tíos David y Reme tenían tres hijos, Alberto, que hoy en día vive en Bilbao, donde es maestro, Angelito, que vive en Haro, y Mari Tere que sigue en San Vicente.
La siguiente vez que fui, no estoy seguro, pero creo que fue el año 68; se que nos llevo un vecino, Jaume Prat, que tenía una furgoneta DKW, en la que llevábamos la cuna de mi hermano, y venían sus esposa e hijas, Encarna, Rosa María y Elvira, creo que mis padres iban en la moto y mi hermano y yo en la furgoneta; recuerdo que los vecinos fueron a dormir a un caserón que era de los padres de la tía Esther, al que llamaban la casa del barrio de abajo, era muy grande con habitaciones que parecían salones, y al día siguiente Jaume nos conto que la luz era una bombilla colgada en el techo, de las que se encendían y apagaban tirando de un cordelito, y que por la noche estuvo un rato, a oscuras, subido en la cama dando manotazos al aire buscando el dichoso cordelito para encender la luz para ir al lavabo, lo que provoco que todos nos riéramos.
La siguiente vez, creo que fue el año 69 o 70, en Semana Santa, fui con mi abuela Teresa y mi prima Mª José; fuimos en tren, y tuvimos un problema, resulta que el tren que cogimos iba a Galicia ( creo recordar que los habituales le llamaban Shangai expres), pero no pasaba por la Rioja, si no por Madrid, nosotros tendríamos que haber hecho transbordo en Zaragoza; pero, según mi abuela, cuando compro los billetes, no se lo advirtieron, como tampoco nos dijo nada el revisor del tren; la abuela se extraño cuando pasamos por Calatayud, y fue en busca del revisor, el cual viendo el error, hizo parar el tren en Ateca, e informo al jefe de estación, que nos arreglo unos billetes para volver a Zaragoza y allí poder coger un tren que nos llevase a Briones, la estación más próxima a San Vicente; como dicho tren no salía de Zaragoza hasta la mañana siguiente, hicimos noche en un hotel o pensión junto a la estación; poco más recuerdo de este viaje, solo que mi prima era un coñazo, se paso todo el viaje quejándose y lloriqueando por todo; y que la vuelta, también en tren, la hicimos sin transbordos hasta Barcelona, saliendo de Briones de noche, y que la locomotora era de vapor.

La siguiente vez fue en verano del 71 o 72, no recuerdo como fuimos, si que mi padre tuvo que volver al trabajo, y que, mi madre, mi hermano y yo, nos quedamos unos días más hasta que vino un vecino, que tenía un R12, a buscarnos; de esta vez, gracias a las fotos, recuerdo que fuimos a bañarnos al rio Ebro, en una “playa” que había aguas abajo del puente, con las primas Mari Carmen y Charo; por esa época, el tío Victorino se estaba construyendo una casa “moderna” enfrente de la parte trasera de la vieja.
Tengo otros recuerdos más generales; como que el tío Victorino tenía un “macho” llamado Catalán y un burrito llamado Jaime, en el burro me había montado alguna vez; o que tenía una huerta donde había una gran morera, que daba unas moras enormes y buenísimas; recuerdo también que el tío me llevo una vez, en el carro, a unas tierras que tenia junto a la ermita de Santa María de la Piscina, románica del S XII, junto a la que se descubrió una necrópolis de entre el S X y el XIV, lo que no recuerdo era si, allí, tenia viñas o remolachas, si que recuerdo que en el trayecto el Catalán iba solo en algunos tramos, sin que el tío lo guiara, y que si veía otro mulo delante, apretaba el paso. Al menos una de las veces fuimos a casa de Mari Tere y su marido Ángel “Angelito” Ramirez; como en muchas casas antiguas de pueblo, en casa de los tíos, no había WC, las necesidades se hacían en la cuadra, en la casa de la tía Reme sí que tenían, así que yo aprovechaba ir a ver al bisabuelo para “visitar al Roca”; recuerdo que delante de la entrada de la casa, la tía Reme, tenia gallinas sueltas, y recuerdo que, el año 71, mi hermano no quería ir allí, porque decía que las gallinas le atacaban.
También recuerdo una bebida que en el pueblo llamaban “limonada”, la hacia la tía Esther, con vino, zumo de limón y azúcar, y se la daban a los críos, y estaba buenísima, pero no te podías beber mucha, porque si no….; y hablando de vino, como podéis imaginar, la mayor parte de la población de San Vicente, se han dedicado, y se dedican, a la viña y a la elaboración del vino, muchos de ellos tienen pequeñas bodegas, para producción de uso propio, algunas de ellas, antiquísimas, son subterráneas y están situadas en la ladera que hay entre el pueblo y el castillo, (entre ellas la de mi bisabuelo Eliseo), por cierto que en esa ladera, por encima de las bodegas, debía haber algunas tumbas, pues, a veces, afloraban huesos. La siguiente, y de momento, ultima vez que volví, fue en 2006, con Marisol, y fue parte de la ruta de vacaciones de ese año, que ya os explicare en otro post.
En la época de las primeras veces que estuve por allí, a parte de la de uso particular, se llevaba la uva a la Cooperativa Virgen del Remedio (hoy en día Bodegas Sonsierra) para comercializar el vino, (creo que la marca era Fino Sonsierra); en la actualidad hay, en el pueblo, mas de 30 bodegas que comercializan su vino, pero en esos años, a parte de la Cooperativa, creo que no había ninguna, si acaso podría ser, Eguren, Sierra Cantabria.
Los primos que quedan allí, Ángel y Mari Tere, con sus Hijos Jésus Ángel y David, venden sus uvas a diferentes bodegas, y las sobrantes las usan para producción propia, en la bodega del Bisabuelo, debidamente reformada.
De todas esas bodegas comerciales, la única, mínimamente relacionada con la familia, es Bodega Valdeloyo, pues la madre de los fundadores, Carmen Peciña, era prima de mi abuela y sus hermanos.
Solo me resta, dar las gracias, desde estas líneas, a la prima Mari Carmen, por la información que me ha facilitado, y las dudas que me ha aclarado; y a mi prima Mª José, por advertirme que la que era un coñazo era ella y no mi otra prima Lydia, como había puesto primero.
